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Si bien la recogida de datos para el estudio mencionado (1) se realizó entre los años 2009 y 2010, su publicación en el año 2014, a mi parecer, exigía que se mencionara el reconocimiento del TA como un cuadro psicopatológico por derecho propio, ya que está incorporado en el DSM desde el año 2013. En la actualidad cae en la categoría de “Trastornos de la conducta alimentaria y de la ingesta de alimentos”, compartiendo clasificación con otros TCA tradicionalmente reconocidos, como son la Bulimia Nerviosa y la Anorexia Nerviosa (3). Los criterios actuales para el diagnóstico de TA incluyen: presencia de atracones al menos una vez a la semana por un periodo de tres meses, sin que existan conductas compensatorias. Un atracón se define por comer en un periodo corto de tiempo grandes cantidades de comida, mayor a lo que otras personas comerían en un periodo similar y bajo circunstancias parecidas, todo lo cual se acompaña de una sensación de pérdida de control. Además, deben presentarse al menos tres de los siguientes cinco criterios asociados a los atracones: ingesta más rápida de lo normal, comer hasta sentirse desagradablemente satisfecho, ingesta sin sensación de hambre, comer en soledad a causa de sentimientos de vergüenza; y/o sentimientos negativos sobre sí mismo posteriores a la ingesta. Los atracones además se asocian a un intenso malestar (3). Prácticamente, lo único que cambia respecto al DSM-IV-TR (2) es el criterio temporal, pues previamente se exigían atracones dos veces por semana, por un periodo de seis meses, mientras que en el DSM-5 (3) se exige que la frecuencia sea, al menos, de una vez a la semana por un periodo de tres meses. Si bien en el artículo (1) se señala que se cotejaron los criterios del DSM-IV-TR, lo que dice en realidad es que se consideró la lista de los cinco criterios que han de acompañar la presencia de los atracones, sin embargo no se explicita si es que efectivamente se indagó sobre la conducta de ingerir grandes cantidades de comida en un corto periodo de tiempo y con sensación de pérdida de control, que son los aspectos centrales para definir un atracón. Además, tampoco se señala ningún criterio temporal utilizado para diagnosticar la presencia de TA en la muestra, lo que genera dudas respecto a cómo se realizó el diagnóstico. Si bien el TA puede darse en personas con normopeso, hay estudios que sugieren que aproximadamente un 27% de las mujeres que buscan tratamiento para perder peso presentan TA (4). Además, considerando hombres y mujeres que siguen tratamiento para adelgazar, se ha observado que 21% muestra conductas anómalas e insanas respecto a la comida, tales como picar a lo largo del día, darse atracones de comida (sin configurar el diagnóstico de TA), comer durante la noche, entre otros (5). Debido al reciente reconocimiento oficial del TA, es probable que hasta ahora haya sido sub-diagnosticado, pues por el desconocimiento es posible que muchos pacientes no busquen ayuda y, si lo hacen, que solo sea a causa de un aumento de peso, lo que los lleva a tratamientos cuya única finalidad es el control del peso. Además del número de pacientes obesos que presentan TA, hay varios otros que, sin configurar este diagnóstico, presentan características sub-clínicas de este cuadro psicopatológico (5). Por esto, se hace necesario que los profesionales de la salud estén atentos a la detección e intervención oportuna de este tipo de conductas. 207 Comorbilidad entre trastorno por atracón y obesidad


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