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143 Estado nutricional y composición corporal en escolares de La Serena, Chile población escolar, lo que evidencia una vez más la situación que se observa de esta prevalencia de malnutrición por exceso en esta población en nuestro país (14,15). En cuanto a la prevalencia de obesidad encontrada en la población del 1º ciclo de enseñanza básica (1º año básico a 4º año básico) alcanzó 25,5 % siendo similar a lo reportado a nivel nacional en el grupo de escolares de primer año básico, según los datos entregados por JUNAEB (25,3%), sin embargo, la prevalencia de obesidad del 2º ciclo de enseñanza básica ( 5º año básico a 8º año básico) comparada con el reporte nacional en escolares de primero medio, fue mayor (16,2% vs 12,3%, respectivamente) (13). Esta diferencia podría estar dada por el uso de distintas referencias (22), no obstante, y dado que a nivel nacional sólo se consideraron escolares de primero medio y en este estudio escolares de quinto a octavo básico, diferencia que también podría estar relacionado con el desarrollo puberal. Sin embargo ambos estudios concuerdan en que la prevalencia de obesidad es mayor a menor edad y en varones, situación que se corrobora en otro estudio realizado en escolares en Chile (18). La prevalencia de sobrepeso fue discretamente mayor en el 2º ciclo (23,9% v/s 24,6%), lo que difiere con lo reportado por Ulloa y cols., que indicaron una disminución a mayor edad para luego aumentar desde los 14 años, aunque concuerda con este estudio en que la prevalencia de sobrepeso era mayor en mujeres (22). La situación epidemiológica actual nos obliga a poner el énfasis en obtener información sobre el exceso de peso, no obstante en estas poblaciones cobra importancia el control periódico de bajo peso y talla baja. A nivel nacional la prevalencia de bajo peso es menor en los escolares de mayor edad 2,0% en niños de primero básico a 0,7% en los de primero medio, situación similar en ambos sexos (M: 1,8% a 0,5% y V: 2,2% a 0,9%) (13), lo que difiere con lo encontrado en este estudio donde la prevalencia aumentó con la edad (1º ciclo: 1,1% a 2º ciclo: 2,3%) y en ambos sexos (M: 1,1% a 2,0% y V: 1,0% a 2,6%), diferencias que una vez más pueden estar dadas por el uso de distintas referencias para la clasificación del estado nutricional, por lo que parece necesario estandarizar el uso de una referencia (23). La literatura también nos indica que estas diferencias se pueden presentar al comparar el diagnóstico nutricional basado con datos recolectados por personal no entrenado con aquellos obtenidos en condiciones estandarizadas previamente (24, 25). Un reporte realizado por Eyzaguirre y cols. en niños de 6 a 18 años de nivel socioeconómico alto, encontraron una mayor prevalencia de bajo peso (5,6%), posiblemente por la diferente situación socioeconómica de las poblaciones estudiadas, sin embargo concuerda con este estudio en que esta prevalencia aumenta a mayor edad. Además, reportaron 91,7% de niños con talla normal, 3,0% con talla baja y 5,3% con talla alta (16), datos que si bien concuerdan más con lo encontrado en este estudio en lo que se refiere a la prevalencia de talla normal (92,2%), se contraponen y se invierten en la talla baja respecto de la talla alta (5,0% y 2,8%, respectivamente), diferencias que igualmente pueden estar dadas por diferencias en el nivel socioeconómico, puesto que la talla es un buen indicador de la calidad del ambiente en el cual ha vivido el niño. Al comparar esta prevalencia de talla baja de la población general con los resultados nacionales concuerdan en que a mayor edad la talla baja aumenta en las mujeres y disminuye en los varones (13), hecho que podría tener su explicación en la detención fisiológica del crecimiento ligado a la menarquía y desarrollo puberal precoz (26). De acuerdo a lo reportado a nivel nacional la prevalencia de talla baja fue mayor en este estudio en todos los casos, diferencias que también pueden estar dadas por el uso de distintas referencias al momento de evaluar este indicador. Cabe mencionar que en la metodología utilizada en nuestro estudio no se clasificó a los escolares y adolescentes según el estadio de desarrollo de Tanner, por ser un estudio con una mirada de salud pública y no de caso individual, de todos modos podría limitar las conclusiones que se puedan obtener en el grupo de mayor edad. De acuerdo a lo reportado por Kain y cols en escuelas de Santiago de Chile en niños de 4 a 7 años, la prevalencia RCV (CC > p 90) fue de 10,2%, y más prevalente en mujeres (27), ambos datos difirieren con lo encontrado en este estudio en escolares del 1º ciclo (edad entre 6 y 9 años), que indica que esta población presenta a muy temprana edad una alta prevalencia de RCV (18,6%) y mayor en varones. Mardones y cols encontraron 20,9% de RCV en escolares chilenos de 5º y 6º año básico (promedio de edad: 11,4 + 1 años) prevalencia mayor a la encontrada en este estudio (17, 2%) en los escolares del 2º ciclo (promedio de edad 12,2 ± 1,2 años), lo que podría explicarse porque en este estudio se consideró escolares de 5º a 8º año básico, no obstante concordaron en que esta prevalencia es mayor en mujeres (15). En otro estudio realizado en los Estados Unidos, Cook y cols., reportaron para adolescentes de 12 a 19 años 9,8% de CC > p90, cifra mucho menor a lo encontrado en el presente estudio en escolares de edades similares, diferencias que pueden estar asociadas a las prevalencias de malnutrición por exceso que en este estudio alcanzó 40,8% vs. 29,0% entregada por Cook y cols. (20). Se debe considerar que el trabajo de Cook y cols posee una diferencia de más de 15 años con el presente estudio, lo que evidencia la alarmante situación epidemiológica nutricional en que estarían actualmente los niños de este estudio. Los resultados del compartimento graso y masa muscular, revelan un dismorfismo sexual en la población en estudio, el cual se hace visible por valores significativamente más altos del pliegue tricipital en mujeres respecto a los varones, tanto en el 1º y 2º ciclo, (P=0,007, P<0,001 respectivamente), y de igual forma en los valores de AMB que fueron menores en mujeres, resultados que coinciden con estudios realizados en población adolescente (28,29). Dada la importancia de estos indicadores como parámetros de estimación de los componentes graso y magro (30), se confirma que las mujeres presentaron un mayor componente graso (PT) y menor componente muscular, el cual se podría relacionar con el sobrepeso, y en el caso de los varones la mayor prevalencia de obesidad se relacionaría con la mayor prevalencia de AGB detectada. Estas discrepancias en la composición corporal, son similares a los resultados encontrados en la literatura, las que se atribuyen principalmente a las diferencias hormonales en la pubertad (31). Esto último refleja la importancia de incorporar mediciones de perímetro y pliegues cutáneos en la determinación de la composición corporal, la cual resulta imprescindible para comprender el efecto de la alimentación, el crecimiento, el ejercicio físico (32), las enfermedades y otros factores, en el organismo (33). El importante déficit de masa muscular encontrado en estos escolares (31,8%), se podría asociar con una inadecuada condición física, como lo informan los resultados de la Evaluación de Educación Física del Sistema de Medición de Calidad de la Educación (SIMCE) del año 2011; donde 93% de la población escolar de 8º básico a nivel nacional presentó esta condición (34), la que llevaría a una inactividad física, ge-


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